Por Asher Benatar
Para LA GACETA - BUENOS AIRES

- ¿Se ve en una película de Lucrecia Martel o de Carlos Sorín?

- Claro que sí. El cine de ambos, con sus grandes diferencias, me gusta mucho. Cuando vi Historias mínimas lamenté no haber trabajado en la película. Estoy seguro de que yo habría podido serle muy útil a Sorín. (Hace una pausa) Me imagino el porqué de su pregunta: tiene en mente la escenografía de Restauración.

- No sólo eso.

- Es cierto, una parte de mí es barroca, pero eso no quiere decir que no haya otra parte distinta. Tal vez lo suficientemente simple o lo suficientemente amplia como para que mi forma de sentir no invalide los patios de tierra. Un escenógrafo o un director de arte deben actuar con la misma comodidad en una historia intimista de Sorín como en El Gatopardo, de Visconti, que es una película de las llamadas de época. Pocos dirían que Rocco y sus hermanos es una película de época. Pero es así, y explico por qué digo esto: Rocco… se desarrolla en los años 50 pero tiene una estructura “de época”. Más aún, yo diría que es una tragedia, que Rocco… nos remonta a la tragedia griega. Las decisiones de Visconti no eran caprichosas, estaban basadas en la sensibilidad y en las convicciones. Aparte de su enorme talento. Piense usted que contrató a una gran trágica, precisamente griega, Katina Paxinou, para el papel de la madre.

- Hablando de Visconti. ¿Qué opina de hacer viajar 600 kilómetros a una asistente para conseguir una polvera que ningún espectador vería? Porque Visconti era consciente de eso.

- Me parece muy bien, porque esa polvera estaba en el escenario, contribuía a crear una atmósfera, influía en la actuación. Es como cuando exigía que Alain Delon o Romy Schneider usaran el perfume de los nobles de la época. Repito: todo en Visconti tenía un sentido.

- El director artístico o escenógrafo, ¿está a las estrictas órdenes del director?

- Estar a las órdenes del director es una de sus obligaciones, pero otra, ineludible, es poner toda su imaginación para enriquecer la escena o la toma. En El poder de las tinieblas, basada en Informe sobre ciegos, de Ernesto Sabato, todo era gris, de un gris casi agobiante. Pensando que, a pesar de ser esa la intención, debía haber algo que rompiera con ese gris, se me ocurrió poner en el centro de la mesa un plato con tres naranjas. No tenían nada que ver con Prokófiev ni con la historia del universo ciego, pero cobraban una importancia verdaderamente notable.

- Imagino que muchos pensaron en un símbolo.

- De eso no tenga la menor duda. En todas las artes, aunque el estilo no lo justifique, hay buscadores de símbolos.

- ¿Hubo buscadores de símbolos en El Sirviente?

- La obra de Robin Maugham es en sí misma un símbolo. Esa historia donde los roles de amo y esclavo van cambiando hasta terminar invirtiéndose es un símbolo político, social y al mismo tiempo psicológico. Realmente la considero una historia ideal para cualquier tipo de formato. Novela, cine, ópera. En cine fue una de las más importantes películas de Joseph Losey y la demostración, por parte de Bogarde, de que era uno de los grandes actores del cine en ese momento.

- Va a ser difícil que el cine europeo reúna directores de tanto talento como los que había en el período 1940-1980 y tantos, ¿verdad?

- Muy difícil.

- ¿Conoció a muchos?

- Muchos. Figuras realmente extraordinarias. Entre los que conocí figura Antonioni. Recuerdo que estábamos en una fiesta que yo daba en mi casa en Los Angeles. Él me decía: me han hablado de un genio, dónde está el genio. Era un hombre con mucho humor. Tengo una gran predilección por sus películas. Hace un tiempo un amigo me preguntaba cómo es que Antonioni antes llenaba tres funciones del Gran Rex en un día sábado y a poco de morir no completaba la platea de uno de los microcines que hay ahora.

- Yo también me lo pregunto. ¿Degradación del sentido artístico?

- Eso es indudable; además ayudan otras cosas. En aquella época había sólo cuatro canales de aire, no existía la tv por cable, tampoco Internet, ni el videocasete. ¿No piensa que es una gran competencia? Y podemos continuar. Ajetreo, falta de tiempo para leer, para pensar, para gozar con las obras de los grandes artistas. En los 70 no había recitales de un Roger Waters que llenaba ocho veces el estadio de River, no había fuegos de artificio y efectos especiales que la gente mira con temor de que sea la última vez que tiene esa oportunidad.  Por otra parte, la forma de vida era totalmente distinta, el cine era una especie de ritual. Hablábamos recién del Gran Rex. 3.500 butacas. 3.500 personas vibrando al mismo tiempo, acongojadas o divertidas. Era como para que se creara energía. Ahora nada es igual. Es lamentable pero las cosas son irreversibles. Así y todo el buen cine no ha muerto. A pesar de que las películas que se exhiben en los festivales europeos tengan cada año menor calidad.

- ¿No encuentra grandes diferencias entre los leones de oro o las palmas y los Oscar?

- Muchas. Concuerdo con que hay películas de mayor calidad en los festivales europeos, concuerdo también en que en los Oscar hay más egolatría porque se homenajean a sí mismos, pero también encuentro que la adjudicación de los premios es más democrática en los Estados Unidos. Son varios miles de personas las que votan. En Europa lo hacen 15 o 16. Casi todos han sido buscados y elegidos para las películas donde yo trabajé como Productor Designer. Lo digo así  porque en los Estados Unidos denominaciones como Escenógrafo o Director de Arte se utilizan muy poco. Hay  unas cuantas piezas de las que elegí para Restauración y que traje a este departamento en el que vivo cuando estoy en Buenos Aires. Cuando puedo, me voy a Córdoba, que es el lugar en el que nací.

- Hablando de nacimientos, ¿está de acuerdo con eso de que “la patria es la infancia”?

- No solamente la patria, en un artista la infancia determina hasta la posición estética que va a asumir. Eso en lo que respecta a quienes estamos en el tercer acto de la vida.

- ¿Le preocupa el paso del tiempo?

- No demasiado, aunque todo se desarrolla con una velocidad que asusta. Para mí la vida tiene tres etapas, y yo estoy transitando por la tercera. Son como los actos en los que antes se dividían las obras teatrales: exposición, nudo y desenlace.

- Puede haber una cuarta. Piense en Manoel de Oliveira, Oscar Niemayer, Horacio Coppola. Todos ellos han superado los 100 años y algunos siguen trabajando.

- Puede haber una cuarta etapa, pero el hecho de que usted conozca los nombres de quienes llegaron hasta ella demuestra que no es demasiado frecuente.

- ¿Está satisfecho con su vida?

- Satisfecho no es una palabra que yo usaría. Contento, sí.

- Todos los artistas tienen un mentor. ¿Cuál es el suyo?

- Saulo Benavente. En el Teatro del Pueblo hace muy pocos años se realizó una muestra de los trabajos de este artista y maestro al que considero extraordinario. Es una parte de su obra pero no toda. Resultaría muy difícil mostrar los cientos de trabajos que firmó.

- ¿En escenografía, es más difícil ser vanguardista desde una posición estilística barroca?

- Tal vez sea más difícil, pero no lo considero imposible ni mucho menos. Creo que se puede ser barroco, se puede ser realista y al mismo tiempo de vanguardia. La vanguardia no es propiedad de estilos ni de épocas. Tampoco de escándalos, a los que parece ser muy afecta.

- Cuando habla de sus películas no parece entusiasmado. ¿Es así?

- De todo lo que uno imaginó, de todo lo que se filma, de todos los sacrificios, ingresa en la película un 20%, con suerte un 25%.Y hay que ver de qué está compuesto ese 25%. El Productor Designer no interviene en el corte final, es decir, el armado definitivo que va a llegar a los espectadores. Por eso muchas veces pienso en lo que se podría haber obtenido y en lo que realmente se logró. Personalmente tengo mucho miedo de las decisiones que se toman en el montaje.

- Qué obra de Shakespeare le gustaría hacer? Puede nombrar dos.

- Voy a dirigir Amapola. Dentro de ella está El sueño de una noche de verano. La otra que elegiría es La Tempestad.

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PERFIL

Eugenio Zanetti nació en Córdoba, en 1946, y se radicó en Hollywood en la década del 80. Escenógrafo, director, director de arte, pintor y autor, ganó el Oscar a la mejor dirección artística, en 1996, por la película Restauración. Tres años después, fue nominado al Oscar por su labor en Más allá de los sueños, película protagonizada por Robin Williams. Trabajó, entre muchos otros, con Steven Spielberg, Julia Roberts y Arnold Schwarzenegger. En 2010, la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina lo distinguió con un Premio Cóndor de Plata especial por haber expandido el conocimiento del cine argentino. Entre otros galardones, recibió la Medalla Ives Lavette del Salón de Montreal; la Mención de Honor del Festival de Moscú; el Premio a la Mejor Dirección de Arte en el Festival de Toronto; los Premios Trinidad Guevara, Florencio Sánchez, ACE y María Guerrero.